¿Es la conservación de la vida silvestre un concepto mal manejado?

Víctor Acosta Chaves (*)

victor2222@gmail.com

El concepto de vida silvestre proviene de su equivalente en idioma inglés wildlife. En su sentido más amplio, según la Real Academia Española (RAE), se refiere a toda forma de vida no domesticada. Incluye a la fauna silvestre, especialmente a los cuatro grupos principales de tetrápodos terrestres. Sin embargo, aun entre expertos, qué es exactamente manejo de vida silvestre no está en consenso.

Por ejemplo, debido a las pocas experiencias con invertebrados o peces, no suelen considerarse frecuentemente en libros de texto o artículos relacionados con manejo de fauna silvestre. Sin embargo, en teoría sería totalmente válido referirse a cualquier animal que habite en el ecosistema en el cual evolucionó como vida o fauna silvestre. Así por ejemplo, un biólogo experto en la biología de los tiburones, aves o las ranas trabajaría con fauna vida silvestre tanto como uno que estudie cocodrilos, jaguares o tapires.

Según la RAE la palabra manejo proviene del verbo manejar, que específicamente es usar algo con o sin las manos, o gobernarlo o dirigirlo (e.g. manejar los caballos). Entonces manejo de vida silvestre se puede interpretar como dirigir procesos en poblaciones de animales no domesticados relacionados a aspectos de su ecología, control poblacional, conservación e incluso conflictos con los seres humanos. También se podría entender como manipular un animal silvestre con instrumentos o las manos, aunque claramente el concepto usado en los libros clásicos empata mejor con el anteriormente citado.

Además, según la RAE, la biología es la ciencia que trata de los seres vivos, considerando su estructura, funcionamiento, evolución, distribución y relaciones. La biología de conservación, citando a Soulé y Wilcox, “es una disciplina impulsada por la misión que comprende tanto la ciencia pura y aplicada”; por ello no puede predicarse una falsa incompatibilidad entre ambos enfoques. El manejo de vida silvestre entraría como una rama de la biología de conservación, que a su vez es una rama de la biología. Por ende, herpetólogos, ornitólogos o mastozoólogos probablemente sean los más aptos para comprender patrones y definir estrategias de manejo en sus grupos zoológicos.

Lo anterior es sencillo de justificar: no se puede hacer manejo de vida silvestre sin conocer de historia natural, ecología, biogeografía, evolución, comportamiento o incluso genética poblacional de las especies. Lo contario podría ser considerado riesgoso, e incluso contraproducente, para la conservación de una especie o ecosistema dado. Debemos entender la biodiversidad como un continuo de genes, especies y ecosistemas, cuya conservación sólo es posible incluyendo esos tres niveles. Por eso, siendo estudiante de pregrado en la ECB nunca entendí donde empieza o termina el campo de estudio de un biólogo tropical en relación a un biólogo marino o un biólogo molecular.

Dasmann expresaba que “se requiere una conservación ambiental basada en el conocimiento ecológico y la comprensión social”. Ciertamente además para resolver problemas relacionados a la conservación o manejo de especies se deben usar herramientas propias de otras ciencias como la sociología, medicina veterinaria, genética, economía, informática, etc. No obstante me preocupa la tendencia de formar a biólogos como si fueran sociólogos, por ejemplo, cuando no es esa su especialidad. Lo ideal es contar con equipos de trabajo interdisciplinarios pues no se puede pretender que un único biólogo realice la labor correspondiente a otras profesiones. Afortunadamente la experiencia de muchos grupos de conservacionistas en el país ha demostrado ese trabajo interdisciplinario es posible y rinde mejores frutos.

Habiendo sido estudiante de la Escuela de Ciencia Biológicas (ECB) y académico del Instituto Internacional en Conservación y Manejo de Vida Silvestre en la Universidad Nacional consideré necesario aclarar a qué se refieren los conceptos explicados anteriormente. Difiero de los criterios argumentos por la ECB para validar quién es o no un manejador de vida silvestre. Mi especialidad es la ecología y conservación de vida silvestre, con énfasis en anfibios, reptiles y aves de Costa Rica. No obstante, participé sin éxito en un concurso por oposición en la ECB, siendo una de las razones para no ser elegido mi título de Maestría en Biología (UCR), pues se solicitaba un posgrado en Conservación y Manejo de Vida Silvestre. Dicha situación me llevó a cuestionarme cómo se entiende el concepto de conservación y manejo de vida silvestre en nuestra institución.

Personalmente considero poco atinado definir las competencias en esos campos de un oferente basados únicamente en el nombre de un título. Las investigaciones, tesis y publicaciones científicas, así como su experiencia laboral o en proyectos, deberían ser los atestados que definan si un profesional es o no experto en esos temas. Las competencias profesionales no deben basarse en estereotipos, conceptos erróneos o desactualizados. Tampoco se debe monopolizar esas competencias para sólo profesionales graduados de ciertos programas de grado o posgrado.

Cito de nuevo a Soulé y Wilcox “sentimos que la biología de la conservación es un nuevo campo, o al menos un nuevo punto de encuentro para los biólogos que desean poner en común sus conocimientos y técnicas para resolver problemas”. Los graduados de posgrados con temas de vida silvestre en otras universidades merecen la oportunidad de competir limpiamente y que sus atestados sean reconocidos objetivamente. Cualquier universidad, incluyendo a la Universidad Nacional, debe apostar por el principio de universalidad.

Por lo tanto, solicito a las distintas unidades académicas de la Universidad Nacional, especialmente a la ECB-UNA, discutir e interpretar más profundamente estos conceptos. Además, como miembro del Colegio de Biólogos de Costa Rica, les invito a ser más inclusivos en los perfiles solicitados para los futuros concursos por oposición de su actual Plan de Fortalecimiento y Estabilidad Académica. Solamente una formación integral sobre biología, manejo de vida silvestre y conservación preparará profesionales con bases más sólidas para enfrentarse a los problemas ecológicos actuales que afectan al país.

(*) Ex académico Icomvis-UNA

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    Setiembre 2017 - Año XXVII # 290

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