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Revista en Ciencias del Movimiento Humano y Salud


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Dios como compañía

° El dominico panameño Porfirio Atencio presentó su investigación Modelos de Dios en los enfermos de sida, en la Escuela Ecuménica y Ciencias de la Religión.


Bértold Salas M. /CAMPUS


Actualmente, Porfirio Atencio se encuentra en su natal Panamá, en la parroquia San Martín de Porres. Antes, como parte de su formación como dominico, pasó por Costa Rica y Nicaragua; en nuestro país, estudió en la Escuela Ecuménica y de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional (UNA). Y como tal, el 8 de agosto presentó la investigación Modelos de Dios en los enfermos de sida, el último requisito para obtener la licenciatura en teología.

Esta investigación es varias veces novedosa, según confirmó el teólogo Miguel Picado, quien la dirigió: en lo metodológico, porque recurre a herramientas de las ciencias sociales para estudiar los asuntos de la fe. Y en lo temático, porque desarrolla un tema relativamente nuevo en Costa Rica, el de las formas en que es vivida la fe; y esto en una población estigmatizada socialmente: la de los enfermos de sida.

Modelos de Dios

Entre 1998 y 1999, Atencio trabajó con enfermos de sida en el Hogar La Esperanza, ubicado en Paso Ancho y bajo la responsabilidad de la Arquidiócesis de San José. En el mismo, se brindaba a los pacientes "atención espiritual y psicológica, techo, comida y medicamentos y, en algunos casos, servicios funerarios", recuerda. Según reconoce, en esa época no había suficiente desarrollo en el tratamiento con el llamado cóctel antisida, que hoy ayuda a extender la vida de los contagiados del VIH.

Posteriormente, cuando entre el 2003 y el 2004 debió escoger un tema para su tesis de licenciatura, quiso volver a ese trabajo pastoral en el Hogar La Esperanza. Y se planteó diferentes preguntas: ¿de qué manera la aparición del sida trastoca las relaciones entre el individuo y su imagen o modelo de Dios? y ¿en qué forma estos modelos permiten amortiguar el impacto emocional de la enfermedad?

En el hogar, Atencio se encontró con una población de hombres de distintas edades, si bien siempre por encima de los 20 años y la mayoría provenía directamente de la calle. El desarrollo de la enfermedad variaba, había "desde quienes fueron infectados en fecha reciente, hasta los que estaban en su fase terminal", recuerda.

Después de una etapa de difícil acercamiento, Atencio logró entrevistar 16 residentes del hogar. Según reconoce, no todos quisieron hablar: "Y especialmente, se resistían quienes tenían poco de saberse contagiados".

El dominico descubrió diferentes "modelos de Dios". En primer lugar, el que denomina del Dios trascendente, que es una imagen donde la divinidad es pura, pero ajeno al mundo y separada de los seres humanos.

"Otro modelo de Dios es el Dios todopoderoso, que enfatiza su omnipotencia, y la posibilidad de que, por ejemplo, les ayude a mantener una mejor relación con sus familias", explica el sacerdote panameño.

Este modelo es distinto de otro, el del Dios protector, que es aquel que acude a proteger a sus creyentes. De alguna manera, es el más primitivo de los modelos, por su relación con los hechos relatados en el Antiguo Testamento.

Los últimos dos modelos descubiertos por Atencio resultan casi antagónicos: el Dios castigador y el Dios afectivo. El castigador explica las desgracias que suceden a las "malas acciones"; para quienes así ven a Dios, el sida sería la condena por sus pecados. Este punto fue destacado por Picado, quien recuerda que "el sida es todavía visto como un tabú, y con prejuicio se le ve como una vergüenza, sin importar su forma de contagio", lamenta.

Por el contrario, el afectivo "el Dios que se entiende como interlocutor, como compañero en una circunstancia en que muchos abandonen al enfermo", explica.

Descubrió Atencio que el modelo de Dios está relacionado con la forma en que fue adquirida la enfermedad y con el tiempo transcurrido desde que el paciente se enteró del contagio.

Una herramienta de trabajo

De acuerdo con Atencio, conocer los modelos de Dios es una importante herramienta para quienes trabajan con pacientes enfermos de sida. "A partir de ellos, los pacientes y quienes los acompañan, encuentran caminos para ir superando la situación adversa que enfrentan", asegura.

Agregó que el acompañamiento espiritual lleva a estimular unos modelos de Dios y a desestimular otros, por las implicaciones que tienen para el enfermo. "Un cierto Dios trascendente, por ejemplo, es visto como ajeno a las cosas del mundo y, en su pureza, puede ser percibido como distante por el enfermo".

Sin duda, el modelo con consecuencias psicológicas más graves es el castigador; no es recomendable pues se le percibe como "causante de la enfermedad, pues sanciona con el contagio y la marginación social una existencia de relaciones que no son socialmente aceptadas".

En cambio, el Dios protector es fundamental en un momento de supervivencia, "cuando el horizonte vital se acorta, y cualquier enfermedad puede acabar con la vida". Es también un Dios que tiende a personificarse en la institución, por medio del sacerdote que acompaña y acoge al enfermo, o de los familiares y amigos que no lo abandonan.

Asimismo, el Dios afectivo es el que debe estimularse en el enfermo. Para Atencio, resulta clave que el enfermo no sienta que Dios es el responsable; para un creyente, eso no ayuda a saber llevar los padecimientos.

Atencio descubrió que modelos de Dios como el todopoderoso y el afectivo ayudan a los enfermos, porque "encuentra un amigo en el cual volcar sus sueños y ver de manera distinta la vida, el tiempo y las relaciones con familiares y amigos", explica.

Para Picado, contribuir a la consolidación de estos modelos de Dios en los enfermos supone "estimular el Dios del evangelio, y especialmente el que aparece en la que se conoce como la parábola del hijo pródigo", afirma.

Entre sus recomendaciones, Atencio insiste en que la iglesia promueva la defensa de los derechos de los enfermos de sida. Asimismo, consideró importante el trabajo en materia de educación sexual, "deshaciéndose de todo prejuicio, de moralismos y posturas anacrónicas que nada ayudan en la lucha contra el sida". Según relata, el actual papa conformó una comisión para estudiar la que hasta ahora ha sido la posición oficial del Vaticano respecto al uso del condón.





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